Testimonio de una alumna de la Formación en duelo gestacional y perinatal.

A nivel personal de la formación:

Qué hermoso es haber encontrado el espacio para compartir desde este rincón del alma, sintiendo con tanta fuerza el latido y el calor de esta tribu de mujeres del amor, del bien y del corazón. Es un verdadero privilegio caminar a la par de este círculo sanador, donde cada historia de pérdida se transforma en un puente de luz y empatía profunda.

En este viaje de formación, la respuesta es un «sí» rotundo y lleno de entusiasmo: cada paso se transita con una libertad absoluta, dejando de lado cualquier tipo de exigencia externa. No hay presiones ni apuros, porque se comprende perfectamente que el corazón herido necesita sus propios tiempos para respirar, integrar y florecer. Se disfruta enormemente cada instante de conexión, cada palabra compartida y cada silencio habitado en común, sabiendo que estamos creando un refugio sagrado donde el dolor se convierte en puro amor.

Cada video explicativo, cada cuento que abraza el alma y cada meditación propuesta se están aprovechando al máximo, con el corazón completamente abierto. Las meditaciones permiten bajar al cuerpo, conectar con el registro real de las vivencias y encontrar la calma necesaria para procesar las emociones más densas. Los cuentos, por su parte, actúan como bálsamos simbólicos que ayudan a nombrar lo que a veces parece impronunciable.

Es un aprendizaje profundamente enriquecedor que se recibe con gratitud y alegría, honrando la maravillosa oportunidad de tejer redes con otras mujeres que, habiendo atravesado la tormenta de la pérdida, eligen tomarse de las manos para sanar juntas, recordar con amor a sus bebés y transformar el sufrimiento en una luz que guía y acompaña.

A partir de toda esta preparación y de la fuerza que nace del propio dolor compartido, se enciende el firme propósito de tender una mano a otras madres que transitan este desierto. El gran valor de este camino es transformarse en un faro para quienes se encuentran sumergidas en la oscuridad de la pérdida, ayudándolas a transitar su proceso desde la compasión y el respeto.

Es un llamado profundo a empatizar y abrazar a las familias frente a un servicio médico que tantas veces silencia el dolor, que apura los tiempos del alma con la frialdad de los protocolos y que pretende invisibilizar una existencia que para nosotras es eterna. Frente a esa indiferencia institucional que calla y desautoriza, este círculo responde con la palabra, la escucha amorosa y la validación absoluta, demostrando que el amor por nuestros hijos nunca podrá ser silenciado.

Mónica Moscovich

Agradezco cada una de estas devoluciones de las alumnas , gracias Mónica por tu sensibilidad, tu compromiso, la profundidad de tu proceso personal, atesoro cada palabra como un regalo, me confirma el camino que estamos haciendo juntas con este grupo maravilloso de mujeres!!!

María Andrea García Medina.

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