22 de agosto día del bebé arcoíris

La metáfora del arcoíris alude a los colores después de la tormenta…

Con todo el dolor en medio de esa tormenta de emociones…

Con la corporalidad y el alma rotas…

Sabiendo que no hay arcoíris sin una tormenta…

Cómo se vuelve a construir esperanza… ?

Cómo se vuelva a reconstruir la confianza…?

Cómo hacer para volver a soñar que todavía es posible…?

Si se logra el nuevo embarazo posterior a la pérdida, estaremos atravesados por los miedos, y el mayor desafío será convivir con toda la ansiedad y los temores, sobre todo en las fechas claves, cuando empezó con los primeros síntomas, y el desenlace de la detención, fecha de la pérdida, y la fecha posible de parto.  

Nuestro rol de acompañantes no será de “vencer” los miedos, sino al contrario de reconocerlos, incluirlos, expresarlos, convertirlos en  aliados, de alguna manera. 

Aprender a compartir el camino con el miedo, sabiendo que lo opuesto del miedo es la represión, y aprendiendo a transitar el duelo, paso a paso, día a día.

La mayor dificultad a mi modo de ver, es convivir con la ambivalencia del dolor de la pérdida y la esperanza por la bienvenida de esta segunda oportunidad de la vida. 

Madres, padres y familias que no se animan, no se permiten celebrar la noticia del nuevo embarazo por temor, y luego no se permiten disfrutar toda la gestación por una combinación de sentimientos, una gran ambivalencia, miedo, dolor, culpabilidad. Este nuevo embarazo estará teñido en gran medida por la experiencia anterior.

Será una experiencia difícil, si todavía no se ha despedido al bebé que ha partido,  probablemente haya quedado idealizado, sobre todo, si es una primera vez. Es como el primer gran amor… la intensidad de emociones y sentimientos es difícil de volver a vivir, al menos exactamente de la misma manera. Eso también queda idealizado.

Entonces si la mujer ha logrado un nuevo embarazo, se va a encontrar con un patrón de ambivalencia, donde va a sentir alegría y tristeza a la vez. Y muchos sentimientos contradictorios, que la puede llevar a la confusión y a severas críticas de sus afectos.

Es frecuente escuchar “¿Cómo puede ser que estés triste si por fin ya estás embarazada? Y si a eso le suman el comentario que nunca falta acerca de que le pasas tus emociones al feto, y que le haces daño…!!!

Aquí la mujer comienza a reprimir sus emociones, se empieza a aislar y llevará su proceso en aislamiento, difícil de confesar lo que está sintiendo, ella misma se siente “ingrata”, culpable por no poder disfrutar plenamente de este ansiado embarazo.

La mayor dificultad es la “mordaza” invisible que tenemos sin saberlo, por la cual desconocemos y cancelamos nuestras emociones. Y como bien sabemos, que las emociones no dichas, no reconocidas, excluidas vuelven más tarde con una fuerza inusitada, incluso a través de síntomas.

Entonces, la complejidad sigue siendo como las etapas se van “solapando”, en superposición de procesos, cada duelo reactiva los anteriores, y van quedando en “cola” en una larga lista. Esa corriente de amor ha quedado ligada al niño que ha fallecido y en algunos casos,  no se puede reconocer la vida, cuando esta llega en el próximo nacimiento.

Probablemente esa madre no esté disponible, por el duelo congelado, por la imposibilidad de conectar con sus emociones, la ha dejado fuera de sí misma, es un estado muy difícil de describir, porque la lleva a desdoblar su corazón, entre el bebé que ha fallecido y el que está por llegar.

Cada alma debe tener su lugar, su derecho a la pertenencia, su lugar es único en la configuración familiar. Cada hijo trae un regalo de amor y aprendizaje a cada familia. Aunque este hijo no haya podido quedarse con nosotros por más tiempo, la breve experiencia embrionaria o fetal nos cambia la vida para siempre. 

La clave será ayudar a la mujer a realizar el duelo del bebé fallecido y paralelamente a permitirse vincular con el nuevo embarazo, disfrutarlo y darle la bienvenida al bebé en camino, que será el segundo hermano, o de acuerdo a la numeración. Pero con la aceptación que es un hijo diferente. Apuntando a que cada hijo tiene un lugar propio y trae una luz diferente al sistema familiar. 

De no ser así, probablemente se pueda abrir la configuración del Síndrome de Yacente, lo cual nublará el hermoso aroiris que nos han querido romantizar como nos vienen romantizando la maternidad. Esta idealización nos deja más vulnerables, ya que no nos permite comprender la complejidad que significa recibir a un hijo con vida luego de haber tenido que duelar la muerte de un niño anterior. Encrucijadas existenciales para seguir trabajando. 

“La vida se abre paso y camino a la vida, en todos los planos y dimensiones” 

“Somos una tribu con una conexión especial de la Tierra al Cielo”

“Los lazos del alma son indisolubles”

María Andrea García Medina

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Julieta Rivas dice:

    Lo único que nos queda es la esperanza.Atravesada por el dolor, por la perdida, por los sueños que no se cumplieron.Por los juegos y las risas qué no se dieronSolo nos queda la esperanza.De intentar,de esperar y con el tiempo poder embarazarse.Intentarlo de nuevo.Ese hijo que no llegó a cumplir su ciclo seguro nos envolver con su amor.Con su almita que es eterna.Me paso con nuestro sobrino qué llegó da años después de perder a Tobías.Fue todo ina mezcla de emociones,de recuerdos.Sólo nos queda la esperanza.

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  2. Gracias Julieta por tu compartir, te abrazo fuerte.

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