Los hijos se mueren, no se pierden

Nos formulamos preguntas desde los relatos, experiencias y testimonios, que nos hacen revisar conceptos, reformular y deconstruir.

Venimos escuchando a las madres, familias y colegas del duelo que nos dicen “les hijxs no se pierden”.

Las gestaciones más tempranas se detienen, quizás no haya la posibilidad de reconocer la muerte antes de haber reconocido la vida.

En las gestaciones más tempranas como en las más avanzadas, las familias nos piden que reformulemos esta visión de que los hijxs se pierden…

Nos encontramos con la sorpresa que las alumnas de nuestra Formación afirman con toda la certeza de sus corazones “los hijxs se mueren, no se pierden”.

Sabiendo que el concepto de pérdida es central en el concepto de duelo. Autores desde S. Freud afirman que “el duelo es la reacción a una pérdida”, y en adelante todas las definiciones se despliegan en el mismo sentido.

¿Qué significa la “perdida” desde el sentido común? Algo que se tuvo y se dejó de tener…

Vamos a tomar algunas definiciones para aproximarnos a la problemática.

Wikipedia nos dice: La pérdida es la carencia o privación de lo que se poseía.

Otros portales agregan:

“El concepto se emplea para nombrar a la falta o ausencia de algo que se tenía. Cuando una persona dispone de una cosa y luego la pierde, podrá decirse que sufrió una pérdida.”

“Pérdida es el participio del verbo perder, del latín “perdere” vocablo integrado por el prefijo de totalidad “per” y por el verbo “dare” en el sentido de “dar”. Es por eso que pérdida, desde el punto de vista personal o social, hace referencia a dejar de tener algo con lo que se contaba, que estaba en nuestro patrimonio o entre nuestros afectos.”

¿Nos preguntamos por qué se nos plantea desde el campo social la necesidad de reformular este concepto?

Cuando escuchamos los relatos de cada familia sintiente, afirmando la negación de la pérdida, cuestionando el concepto de la pérdida, observamos una necesidad imperiosa y legítima que debemos considerar seriamente, que nos lleva a reformular también el concepto de duelo.

Se nos requiere gestar nueva visión del duelo para dar lugar a lo que se nos está mostrando, a nuestro modo de ver es justamente apuntar al proceso.

Proceso donde quizás la pérdida sea solo una instancia en el procesamiento subjetivo y simbólico de la experiencia.

Sin embargo, en tanto proceso lo que prevalece es un movimiento hacia la transformación.

Quizás podamos empezar a vislumbrar el duelo como un proceso donde lo que prevalece es una energía de transformación.

La ley de entropía de la física nos dice “nada se pierde, todo se transforma”.

Nuestrxs hijxs que han partido tan tempranamente, como son los duelos gestacionales y perinatales, indudablemente no se pierden, ellos tienen y tendrán una identidad, un lugar en nuestros corazones, una presencia que va más allá de las teorías de la ciencia, y de los postulados del conocimiento hegemónico.

Cómo dice un lema de una de las asociaciones de familias en duelo “El amor no comienza con la vida ni termina con la muerte”.

Entonces podemos coincidir, los hijxs no se pierden, perduran en el amor de sus familias.

Quizás podamos afirmar que hay instancias donde prevalece el registro emocional de la pérdida, se pierden sueños, ideales, proyectos, una sumatoria de “pérdidas” en tanto duelos simbólicos.

Cuando el dolor es acompañado, validado y legitimado socialmente, el proceso de duelo es pura energía de transformación. Representa una vuelta a la fuente, al origen, al amor.

Como dice Bert Hellinger “Los lazos del alma son indisolubles”.

Los hijxs no se pierden, nuestro amor trasciende más allá, es la muestra del amor más grande, del amor incondicional. Un amor que derriba los conceptos de la vida y la muerte.

A partir de estas reflexiones, compartimos una definición tentativa sobre el duelo gestacional y perinatal.

“Por Duelo gestacional y perinatal, se describe al proceso saludable de elaboración emocional a raíz de la interrupción de una gestación, en cualquier etapa del embarazo, parto y/o post parto, que sufre la persona gestante, la mujer/ madre, el padre y el resto de la familia. Ya sea la detención inesperada o provocada. Podríamos afirmar, el duelo por la muerte de un hijx, más allá del tiempo gestacional, puede ser días, semanas, o meses.”

En coherencia, avanzamos en seguir repensando las corrientes tradicionales de duelo, que finalizan en la etapa de la aceptación de la muerte. Aquí se nos impone una nueva visión, una resignificación del duelo, que no hace hincapié en el despedir, sino en acoger, en recibir la vida, en alojar, hospedar, anidar, incluir, abrazar, dar lugar…

Los hijxs no se pierden, su presencia en nuestras vidas es incuestionable.

María Andrea García Medina.

Red Transdisciplinaria en duelo perinatal.

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