Interrupción terapéutica

Cuando confluyen el deseo y la imposibilidad de recibir la vida…

La interrupción terapéutica es de la que menos se habla, debido a que son las situaciones más complejas, dolorosas y más silenciadas. Sabiendo que cada experiencia es absolutamente singular y única.

La interrupción terapéutica o comúnmente llamado aborto terapéutico se aconseja por problemas de salud fetal, malformaciones congénitas graves, de incompatibilidad con la vida, o cuando a raíz de esa gestación está en riesgo la salud integral y/o la vida de la mujer.

Brevemente voy a explicitar este tipo de situaciones que son de extrema complejidad, porque conllevan en combinación aspectos de los dos tipos de pérdidas y duelos, es decir son gestaciones buscadas, deseadas y luego su detención o interrupción es tomada voluntariamente. Cuando hay una problemática en la salud del bebé, lo que se suelen llamar de incompatibilidad con la vida, que hace que se deba tomar la decisión de la interrupción. Ya sea porque el bebé de llegar al nacimiento, estaría sujeto a cuidados intensivos de alta complejidad, cirugías, tratamientos invasivos, muchísimo sufrimiento y con pocas chances de supervivencia. Y por otro lado puede estar en riesgo la salud de la mujer, la vida biológica y la salud integral (psico-emocional), del padre y del resto de los hijos, si los hubiera.

Los padres que se ven llevados a tomar esta decisión, atraviesan la prueba más dura y difícil de sus vidas, toman conciencia muy duramente que la vida de su hijo está en sus manos. El equipo médico acompaña relativamente, en un país como el nuestro, donde todavía está en debate el marco legal, y donde hay todavía una “corporación médica” (los objetores de conciencia), que no acceden a realizar estas prácticas, o que, si las realizan, oponen y ejercen una feroz resistencia.

¿Sobre quién recae la decisión final?  La decisión recae mayormente sobre las mujeres, los médicos delegan en los padres, los padres también delegan en las madres, los médicos por ética y cuestiones legales, y los hombres por una combinación de factores, son padres que probablemente se enfrentan por primera vez a esta situación.  Tienen derecho a no saber qué hacer y por otro lado cargan con el mandato de proteger a sus compañeras, es tan difícil la decisión que terminan delegando en las madres la última palabra, por supuesto que es un tema complejo, excede ampliamente la extensión que aquí les puedo ofrecer.

En síntesis, la decisión de la interrupción en cuanto a la responsabilidad final y las consecuencias suele recaer sobre la mujer. No solo es la delegación, se trata de nuestro cuerpo, el compromiso corporal hace que ineludiblemente tanto el proceso de la decisión como las consecuencias recaigan sobre nosotras.

Los testimonios de las mujeres que he acompañado en estos procesos son desgarradores, se sienten acorraladas, cargan con la culpa y la vergüenza no sólo por la interrupción sino por esa gestación “defectuosa” , se suma el duelo por la salud del bebé y luego cargan con la muerte de su hijo.

Atraviesan paradojas de difícil resolución, por un lado, la intensidad del deseo de ser madres, la oportunidad de serlo y en contrapartida esta encrucijada. Se abren dilemas religiosos, éticos, existenciales muy profundos, con la culpa como condena mucho más agravada que en los otros tipos de duelos.

Lo único que las consuela relativamente es haberles ahorrado a sus hijos semejante sufrimiento si logran sobrevivir, ya que hubieran estado sujetos desde pequeños a padecimientos inimaginables, para ellos y sus familias.

Les comparto un testimonio de una mamá que luego del diagnóstico a las 20 semanas con cardiopatías congénitas graves:  “… le dimos alas a nuestra segunda hija, y querida hija Marina para que pueda renacer al mundo espiritual, libre de dolor y sufrimientos”

También serán procesos de duelo que permanecerán abiertos, como decíamos conllevan en combinatoria las características de ambas situaciones, las pérdidas no deseadas y las voluntarias, por lo cual se extrema su complejidad.

A todas estas mamás y papás, a estos hijxs, les brindamos nuestro reconocimiento.

Honramos sus cortas memorias, honramos el amor de sus padres.

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