Del aborto clandestino al duelo clandestino…

Para comenzar a abrir el tema, me voy a detener para explicitar dos escenarios diferentes:  las mujeres en situación de pobreza, las de mayor vulnerabilidad quedan fuera del circuito clandestino, y por las condiciones en que realizan el aborto, ponen en riesgo su vida.  Cuando llegan al hospital público, son maltratadas y denunciadas, por estar fuera de la ley, por lo cual pueden ser detenidas y encarceladas. 

Si bien en Argentina existe un protocolo ILE, que es la interrupción legal del embarazo, dentro de las 12 semanas, y cuando existe riesgo para la salud integral de la mujer, cuando es producto de relación sexual no consentida. Sin embargo, no todas las mujeres lo saben, y en la mayoría de los casos tampoco saben en qué hospitales públicos se realizan.

Por otro lado las mujeres de clase media pueden acudir al mercado clandestino del aborto, que es costosísimo, en el cual también reciben maltrato, y las condiciones son en la mayoría de los casos, deplorables.  Dejando en ellas también la impronta del daño psico-físico severo, como reflejan sus testimonios.

 Mi  hipótesis – resultante de las consecuencias del aborto clandestino–  es que deriva en un  “duelo clandestino”, pudiéndose derivar en algunos casos en un  duelo patológico.  Considero que las secuelas posteriores, los estragos en la salud física, mental y emocional de la mujer, no tienen tanto  que ver con la situación de la interrupción voluntaria del embarazo, sino con su condición de clandestinidad.

  En mi experiencia clínica, el mayor agravante  es  la condición del  secreto, ocultamiento, miedo, culpa,  vergüenza, soledad,  aislamiento,  auto-condena y  condena social, reitero, todo esto es mucho más patológico,  más aún que la pérdida, que la interrupción voluntaria en sí misma.

Si todas las mujeres que se han hecho un aborto, aunque fuera una tercera parte de ellas, estuviera dispuesta a hablar de su experiencia, atravesando la vergüenza, con sinceridad respecto a lo que eran entonces, lo que sabían, lo que han aprendido y lo que son y saben ahora, todo este asunto sanaría con mucha mayor rapidez.”

Dra Cristhiane Northrup, “Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer”

Develar estas cuestiones es algo fundamental, porque es comprender que el daño psíquico y la vulnerabilidad somática, no tienen que ver tanto  con el aborto, sino con su clandestinidad.  Es el silencio, el miedo, la culpa, la vergüenza, la autocondena, todo esto es lo que nos enferma y nos puede llevar a la muerte.

Develada esta clave,  que es la cuestión ideológica valorativa, de creencias, de un viejo paradigma condenarorio, es que las mujeres somos crucificadas, estigmatizadas, y  penalizadas  por un tiempo histórico actual, así como nuestras antecesoras murieron en la hoguera. En la actualidad los dispositivos femicidas son más sutiles, la fuerza de la  ideología imperante parecería ser más que suficiente para el exterminio  de unas cuantas generaciones de mujeres.

En Argentina la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito postula como estandarte “Educación sexual para decidir. Anticonceptivos para no abortar. Aborto legal para no morir”. Entre otros conceptos, afirman que el aborto clandestino es la principal muerte de mujeres gestantes, en su mayoría pobres. Afirmando que  las muertes por el aborto clandestino son el femicidio a cargo del Estado.

“Para el sector social más desfavorecido, los dispositivos de poder operan con toda la violencia represivo-genocida, como sólo el Estado puede ejercerla, sólo que en este caso no busca matar, sino que deja morir” Ana María Fernandez

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