La crisis/oportunidad de la pareja en el duelo perinatal

Probablemente una de las motivaciones más profundas de la pareja humana sea la de procrear, de dar vida, la realización de trascendencia a través de los hijos, dejar nuestra huella a través de la descendencia.

Así mismo cuando se interrumpe la vida antes del nacimiento, durante o después… El impacto de la muerte de un hijo conlleva no sólo la imposibilidad de trascender la continuidad de la vida, sino que caen todos los ideales y esperanzas puestas en este proyecto de hijo, como así también fracasan los ideales de parentalidad, es decir la imposibilidad de retribuir la vida, cómo uno la recibió.

Los sentimientos de vulnerabilidad, impotencia, culpabilidad, ambivalencia y fracaso son los que comparten en común ambos miembros de la pareja.

Sabemos que la mayor dificultad en el duelo gestacional y perinatal pasa por reconocer el dolor, poder identificarlo y ponerlo en palabras, es decir, expresarlo y afrontarlo.

Ellos, de a dos en pareja, es necesario reconocer algunas variables, a saber, el tiempo de la pareja, hace cuantos años están juntos, qué tipo de relación tienen, qué tipo de comunicación, la historia de la pareja, y cómo fue el proyecto de gestar este hijo en común, cómo se transitó la experiencia en cada uno, si hay otros hijos, en qué lugar está la pérdida, si hubiera otras pérdidas con parejas anteriores.

 Saber si hay apoyo de la familia ampliada, qué otros duelos se atravesaron como pareja, cómo los han afrontado. Indagar también qué autonomía personal cuenta cada uno con respecto a la familia de origen, que apegos, o relaciones no resueltas, qué otros conflictos se encuentran atravesando al momento de la pérdida.

Saber reconocer también sus modelos vinculares, en qué tipos de culturas familiares de origen (leyes/normas/mitos/lealtades invisibles/jerarquías). Tener en cuenta si hubiera otras pérdidas gestacionales en esta generación en otros miembros de la familia, o en otras generaciones. Cuando aparece información de otras gestaciones interrumpidas, o embarazos detenidos de otras mujeres de la familia, averiguar si fueron secretos familiares, y cómo se han transitado esas pérdidas, y qué tipo de consecuencias han dejado.

Crisis profundas, personales y vinculares que son una prueba de tipo bisagra, es decir un antes y un después para la relación. Sabemos que un embarazo interrumpido en cualquier momento de la gestación, es un hijo, y que los lazos del alma son indisolubles.

Por lo cual, invitamos a la pareja a saber que va a realizar el mayor entrenamiento en inteligencia emocional que quizás tenga que atravesar en toda su vida… Una gran oportunidad, crisis/oportunidad para crecer y fortalecer la relación.

Y si fuera el primer hijo, ya no son dos, son tres, son familia, aunque este hijo perdure en el recuerdo y en el corazón. Una pérdida no se sustituye con otro hijo inmediatamente, van a necesitar un tiempo, detenerse, reencontrarse, volver a gestar el proyecto de pareja, volver a elegirse, re-enamorarse.

Darse la chance de un nuevo comienzo, quizás un poco más sacudidos, pero más maduros, crecidos, ya con una apertura de conciencia, con una búsqueda espiritual, con la humildad que nos trae el dolor, la sensibilidad que nos devuelve a la dimensión de lo humano, en la valoración de lo esencial, los lazos indisolubles a nivel del alma…

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