CUANDO EL CUERPO SIGUE AMANDO

Lactancia en duelo: cuando el cuerpo sigue amando

«Hablar de la lactancia en duelo es una forma de cuidar»

La lactancia comienza mucho antes del nacimiento. Durante el embarazo, el cuerpo materno se transforma para recibir, nutrir y proteger a su bebé. Cambios hormonales, emocionales y vinculares preparan un proceso que forma parte de la biología del cuidado y del encuentro.

Por eso, cuando un embarazo se interrumpe o un bebé fallece durante la gestación o después del nacimiento, el cuerpo no siempre detiene de inmediato ese camino, la lactancia continúa su proceso.

Para muchas mujeres y personas gestantes, este momento resulta inesperado. Algunas experimentan una profunda tristeza; otras sienten enojo, desconcierto o impotencia. Hay quienes desean inhibir la producción de leche lo antes posible y quienes encuentran en ella una expresión del vínculo con su hijo. También existen familias que eligen donar esa leche como un acto de solidaridad y de profundo significado. Ninguna de estas decisiones es más válida que otra.

Cada vivencia merece respeto, información y acompañamiento.

Sin embargo, la lactancia en duelo continúa siendo una experiencia poco visibilizada. Muchas personas reciben escasa información sobre lo que puede ocurrir con su cuerpo y, en ocasiones, atraviesan este proceso en soledad, creyendo que aquello que sienten es extraño o excepcional.

Hablar de la lactancia en duelo es también una forma de cuidar. Permite anticipar lo que puede suceder, aliviar la incertidumbre, disminuir la sensación de aislamiento y ofrecer un acompañamiento más humano y compasivo.

Porque la leche no aparece por error, no es una falla de la biología.

Es la respuesta amorosa de un cuerpo que se preparó para cuidar una vida.

A veces, cuando los brazos quedan vacíos, el cuerpo continúa sosteniendo el vínculo de la única manera que conoce: produciendo alimento desde el amor en un vínculo que perdura.

La leche se convierte entonces en un lenguaje silencioso. Una memoria viva. Una huella de ese encuentro que existió y continúa.

Y así como cada nacimiento es único, también lo es cada duelo, y cada lactancia.

Habrá quienes necesiten despedirse de esa leche para poder seguir caminando. Habrá quienes la vivan como el último gesto de maternidad hacia su hijo. Habrá lágrimas, preguntas, silencios y, poco a poco, nuevos modos de habitar la ausencia.

Acompañar la lactancia en duelo no consiste en indicar un único camino. Consiste en permanecer cerca, ofrecer información clara, respetar las decisiones de cada familia y recordar algo profundamente humano:

Donde hubo leche, hubo un hijo.

Donde hubo un hijo, permanece para siempre un vínculo que merece ser reconocido, nombrado y honrado.

Y una madre que sigue amando.

Lic. María Andrea García Medina

Fotografía tomada de Pexels de Andrea Piacquadio

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