El lema propuesto por RELACAHUPAN ( Red Latinoamericana y del Caribe para la Humanización del Parto y el Nacimiento) para la Semana Mundial del Parto Respetado 2026, a celebrarse del 18 al 24 de mayo 2026 es «Parir con voz, parir con orgullo»
En la Semana Mundial del Parto Respetado, solemos pensar en la llegada a la vida. Pero hay nacimientos que no culminan en brazos llenos, y aun así necesitan ser profundamente respetados. Porque allí, donde la vida y la muerte se rozan, también hay parto. También hay madre. También hay hijo o hija. Y, sobre todo, hay vínculo.
Hablar de parto respetado en el contexto del duelo gestacional y perinatal es ampliar la mirada: es comprender que el respeto no se limita al nacimiento de un bebé vivo, sino que se extiende a cada experiencia donde una mujer atraviesa el umbral de la maternidad, incluso cuando ese camino se vuelve dolorosamente breve.
Un duelo respetado comienza con el reconocimiento. Reconocer que hubo un embarazo, que hubo un hijo, que hay una historia que merece ser nombrada. Implica habilitar el tiempo, el espacio y los gestos necesarios para que esa madre —y esa familia— puedan despedirse, sostener, mirar, abrazar, llorar. Sin apuros. Sin silencios impuestos. Sin negaciones.
La Organización Mundial de la Salud establece que la atención debe ser digna, humanizada, centrada en la persona, respetando sus decisiones, sus tiempos y su cultura. Este principio no se suspende ante la muerte perinatal; por el contrario, se vuelve aún más esencial. Porque en ese instante de máxima vulnerabilidad, el modo en que se acompaña deja huellas profundas: puede aliviar o puede herir aún más.
Garantizar un duelo respetado es también un acto de justicia. Las legislaciones de muchos países comienzan a reconocer derechos específicos: el derecho a la información clara, a la toma de decisiones informadas, al acompañamiento elegido, a la intimidad, al contacto con el bebé, a la creación de recuerdos, a licencias laborales acordes, al acceso a apoyo psicológico. No son concesiones: son derechos humanos fundamentales.
Pero más allá de las leyes, hay una ética del cuidado que nos convoca. Una ética que invita a los equipos de salud a habitar la escucha, a sostener sin invadir, a nombrar sin minimizar, a validar sin corregir. A comprender que no hay palabras suficientes, pero sí hay presencias que reparan.
Porque cuando un duelo es respetado, algo del amor puede seguir fluyendo. La madre no queda sola en su dolor, el hijo no queda borrado de la historia, y la experiencia —aunque atravesada por la muerte— puede ser integrada con dignidad.
Que esta Semana Mundial del Parto Respetado nos encuentre ampliando el concepto de respeto, abrazando también a quienes paren en el silencio, a quienes vuelven a casa con los brazos vacíos y el corazón lleno de preguntas.
Que el respeto no dependa del desenlace, sino del modo en que acompañamos.
Porque cada parto merece respeto.
Y cada duelo, también.