Es posible un duelo saludable?

Dolor vs. Sufrimiento:

El eje de nuestra práctica como acompañantes en duelo es comprender la dimensión del dolor humano. Y sólo se puede alcanzar desde la dimensión del propio dolor. El dolor del otro nunca es solamente el dolor ajeno, sino lo que nos reabre, nos reactiva, nos resuena desde nuestras historias de vida. Va reabrir en espejo muy probablemente lo no resuelto en nosotros mismos.

Y probablemente el rechazo al dolor, o el miedo al dolor tenga que ver con todo ese cuantum de dolor no tramitado, no reconocido en nuestras historias, en nuestros sistemas familiares, y si vamos más allá a lo largo de la historia como humanidad.

Mujeres y hombres expropiados de nuestra capacidad de sentir, por no haber podido conectar con nuestro procesamiento emocional. Comprendiendo que en otras generaciones no pudimos hacerlo, porque no podíamos detenernos, por ignorancia, por hambre, por guerras, por supervivencia.

El tiempo histórico ha llegado.

Voviendo a esta primer diferenciación, el dolor es del corazón y el sufrimiento es de la mente. El dolor es una llave que abre el corazón. En cambio el sufrimiento es derivado de la distorsión del dolor, de su represión, y en muchos casos derivado, no sólo de sus beneficios secundarios (beneficio secundario del síntoma), sino también de la imposibilidad social de acompañar estos procesos.

Aquí mi intención es poner énfasis en validar la dimensión del dolor, legitimarla, darle lugar, de modo que no se convierta en “sufrimiento”, es decir que no de lugar a la patología del duelo.

Se suele producir un circuito de retroalimentación del sufrimiento, que tiene que ver con la desautorización, con la condena sobre el dolor, un circuito que va desde el “no tener derecho a sentir lo que se siente”, la confusión, la culpa, el autorreproche, el autocastigo, la desvalorización, el autodesprecio, el aislamiento y toda una carga de negatividad que agrava más el cuadro.

Más confusión, más culpa, más resistencias y mecanismos de defensa reforzados por el desconocimiento y la incomprensión de su entorno.

A partir de lo cual puede derivar en cuadro de depresión, desde la represión del dolor genuino, de sus emociones primarias.  Así se va generando la patología del duelo, cuando no se le permite a la mujer dar cauce natural a sus emociones, que son parte de una inteligencia biológica natural.

El fundamento de nuestra intervención será abrir ese “permiso a sentir”, a validar ese “derecho inalienable a sentir su dolor”. 

Apuntando a empoderar a la mujer, es decir confiando, y brindando confianza en sí misma, junto con el acompañamiento de su proceso emocional de duelo, preferentemente de la mano del especialista, terapeuta, doula, asesor,y/ o dispositivo grupal.

 La muerte de un hijo es una de las principales causas de sufrir Trastorno por Estrés Postraumático.

También es una oportunidad, una bisagra, quizás la prueba más grande de su vida, quizás de realizar el mayor crecimiento y transformación, conectar con una fuerza y un potencial inimaginable hasta el momento para esa mujer.

Demos-nos y demos-les la oportunidad de tomar uno u otro camino…

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