Qué pasa con la pareja luego de la pérdida…

Hasta ahora nos habíamos focalizado en la mujer, hoy nos disponemos a enfocar la pareja en duelo.

Qué pasa con estos padres, evidentemente ellos también padecen y sufren, la mayor parte de las veces no saben identificarlo, ni como expresarlo, repito no sienten el derecho a recibir una contención porque son «ellos« los que sienten que deben – (la estereotipia/mandato social)- contener y apuntalar a sus compañeras.

La clave para comprender la complejidad de estos procesos de duelo, tiene que ver con que son duelos desautorizados por la medicina, y la sociedad. Duelos que no pueden ser tramitados, como procesos emocionales socialmente permitidos y validados. Es una prohibición -que recae sobre el dolor frente la muerte de un hijo durante el embarazo, parto o a posterior, -de tal envergadura, peso y contundencia, que no hemos sido capaces de verlo y seguimos ciegos, en la total invisibilización/naturalización de la problemática.

La condena social de silenciamiento sobre el dolor es tan grande, está tan invisibilizada, que justamente los condena al padre, la madre y al bebé fallecido, al ostracismo (exclusión social), y a la clandestinidad.

Sabemos que la relación padre-hijo por nacer ha cambiado bastante en las últimas generaciones, ellos acompañan a las ecografías, estudios, análisis, citas médicas, interconsultas, cursos de preparto, sienten la conexión con el hijo cuando les hablan, acarician la panza y perciben el movimiento del bebé en respuesta a su estimulación, graban videos, música para sus hijos, en síntesis, está surgiendo una paternidad más presente, colaborativa y consciente.

El duelo gestacional y perinatal deriva en grandes crisis personales y de pareja, y en algunos casos con el desenlace de la separación. Fundamentalmente por la dificultad que encuentran para visibilizar su dolor, no lo pueden identificar, reconocerlo, ponerlo en palabras, no saben cómo abordarlo.

«Las parejas entran en crisis y se separan porque no hablan, no pueden hablar, no hablan de su dolor porque no saben cómo hacerlo»

En otros casos las parejas siguen juntas intentando retomar la vida, con sus duelos congelados, se van convirtiendo en dos extraños bajo el mismo techo, donde van perdiendo gradualmente la conexión afectiva, el vínculo corre el riesgo de entrar en piloto automático.

El varón no sólo pierde un hijo, sino una parte de su compañera se ha ido con el bebé. La mujer no sólo pierde a su bebé sino también tiene miedo de perder a su compañero. Ambos sufren la pérdida doblemente. Cada uno hará su proceso con sus posibilidades y sus diferencias.

En esta breve introducción, la invitación es al encuentro, a salir del aislamiento, a buscar momentos posibles para ambos, para la comunicación, para mirarse a los ojos, poner en palabras, retomar la conexión amorosa.

Y lo que siempre decimos en todos los posteos, es que «el potencial mayor de cualquier ser humano es la capacidad de pedir ayuda». Ambos se lo merecen…

María Andrea García Medina

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