Introducción al Tercer Capítulo del libro.

“La fertilidad es un torrente de bendición que puede pasar desbordando los ríos y cuya ausencia es la desolación.

Millones de mujeres en el mundo anhelan ser madres y otras millones se ven invadidas por una concepción inesperada  que les cambia la vida.
Todas las energías, memorias y huellas de estas experiencias nos pertenecen en algún nivel.
A medida que cada una sana la relación con esta energía sanamos todas y los hombres también.»

Samari Luz

Para iniciar este capítulo, lo primero que debo decir, es que estamos frente a una nueva especialidad dentro de la Psicología Perinatal  que se denomina “Duelo gestacional y perinatal”, así se describe al proceso de pérdida, por la interrupción de una gestación, ya sea natural o provocada, que atraviesa una mujer, y secundariamente su pareja, familia y su entorno.

Duelo es un concepto  de las ciencias sociales, especialmente de la psicología, y proviene del  latín “duelum”,  en su  doble acepción como y en tanto  dolor y desafío.
 
“En ninguna otra situación como el duelo, el dolor es total, es un dolor biológico (duele el cuerpo), psicológico (duele la personalidad); social (duele la sociedad y su forma de ser), familiar (nos duele el dolor de los otros)) y espiritual (duele el alma). En la pérdida de un ser querido, duele el pasado, el presente, y especialmente, el futuro. Toda la vida en su conjunto duele ”
                                                                                    Dr. Jorge Montoya Carrasquilla.
Mi enfoque
Ya entrando en la introducción, voy a presentar mi  enfoque desde una visión humanista e Integral, fundamentalmente esperanzadora,  con el aporte de distintas corrientes, la visión cuántica del transgeneracional, la visión sistémica familiar, y la espiritualidad femenina ancestral . También voy a presentar una perspectiva personal, mi propia síntesis  y un aporte superador en la mirada sobre el duelo gestacional y perinatal.
 
Este aporte personal esencialmente, introduce una nueva visión  a los enfoques tradicionales, donde el objetivo final es la aceptación, el despedirse, y continuar con la vida. En todo ese proceso, los últimos aportes de distintas corrientes apuntan desde el concepto de resilencia, a la transformación y al crecimiento.  Yo invito a ir más allá, tomando la despedida como un “reencuentro”, con la posibilidad de recupero de este hijo, y con la intención de darle un lugar en la trama familiar. El proceso de aceptar la realidad de la pérdida, no hace énfasis en el despedir sino en acoger, en recibir, en dar la bienvenida, y nuestra  bendición  desde la certeza de nuestro amor, de que este ser está con nosotros por siempre.
 
 
 
 

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