Resumen
La muerte gestacional y perinatal constituye un evento clínico de alto impacto emocional tanto para las familias como para el personal sanitario. Sin embargo, su abordaje en el sistema de salud continúa estando predominantemente centrado en el modelo biomédico, con escasa integración de las dimensiones psicológicas, vinculares y sociales.
El presente artículo propone un análisis teórico-clínico que articula tres dimensiones fundamentales: la violencia obstétrica como fenómeno estructural, el trauma secundario en el personal sanitario y la disociación como mecanismo psíquico que media las prácticas asistenciales.
A partir de la revisión conceptual y la integración de aportes provenientes del campo de la salud mental, la obstetricia y los estudios de género, se plantea que la deshumanización de la atención en contextos de muerte perinatal no puede comprenderse únicamente como una falla individual, sino como el resultado de dinámicas institucionales y defensas psíquicas frente al trauma.
Se propone, finalmente, la necesidad de avanzar hacia un modelo integral que contemple el cuidado de las familias y de los equipos de salud, promoviendo prácticas clínicas humanizadas y dispositivos de sostén institucional.
Palabras clave
Duelo perinatal – violencia obstétrica – trauma secundario – disociación – salud mental perinatal – humanización de la atención
Introducción
La muerte gestacional y perinatal representa una de las experiencias más disruptivas en el campo de la salud reproductiva. A pesar de su impacto, continúa siendo un fenómeno invisibilizado tanto a nivel social como institucional.
En el ámbito sanitario, su abordaje ha estado históricamente dominado por el modelo biomédico, centrado en la resolución clínica del evento, con escasa consideración de las dimensiones subjetivas implicadas.
Diversos estudios han señalado que la experiencia de las familias no depende únicamente del evento en sí, sino también del modo en que son acompañadas por el sistema de salud. En este sentido, prácticas deshumanizadas, silencios institucionales y falta de reconocimiento del bebé pueden intensificar el sufrimiento y dificultar la elaboración del duelo.
Al mismo tiempo, existe una creciente evidencia sobre el impacto emocional que estas situaciones generan en el personal sanitario, configurando fenómenos como la fatiga por compasión, el burnout y el trauma secundario.
El presente trabajo tiene como objetivo analizar la interrelación entre violencia obstétrica, trauma secundario y disociación en el contexto de la muerte perinatal, proponiendo un marco conceptual que permita comprender estas prácticas dentro de una lógica sistémica.
Marco teórico
Violencia obstétrica como fenómeno estructural
La violencia obstétrica ha sido definida como la apropiación del cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres por parte del personal de salud, expresada en prácticas deshumanizadas, medicalización excesiva y pérdida de autonomía.
En el contexto de la muerte perinatal, esta violencia adquiere formas específicas, incluyendo la invisibilización del bebé, la negación del vínculo y la ausencia de espacios para la despedida.
Diversos autores han señalado que estas prácticas no pueden comprenderse únicamente como conductas individuales, sino como expresiones de un modelo médico hegemónico que prioriza la eficiencia y el control por sobre la experiencia subjetiva.
Trauma secundario y “costo de cuidar”
El concepto de trauma vicario, desarrollado por Figley (1982), describe el impacto emocional que experimentan los profesionales al estar expuestos al sufrimiento de otros.
En el ámbito perinatal, la traumatización secundaria se manifiesta en síntomas similares a los del trauma directo, tales como agotamiento, pensamientos intrusivos, alteraciones del sueño y retraimiento emocional.
Asimismo, se ha señalado que estos estados suelen ser negados o no reconocidos, lo que dificulta la búsqueda de ayuda y aumenta el riesgo de cronificación.
La falta de dispositivos institucionales de contención y supervisión agrava este escenario, dejando a los profesionales en situaciones de alta vulnerabilidad.
Disociación y modelo biomédico
La disociación constituye un mecanismo psíquico que permite al profesional actuar en contextos de alta exigencia emocional.
Sin embargo, cuando se cronifica, puede generar una desconexión afectiva que impacta directamente en la calidad del vínculo asistencial.
En el modelo médico hegemónico, esta disociación se ve reforzada por una formación que prioriza el saber técnico por sobre la dimensión emocional, favoreciendo procesos de deshumanización.
Esto se traduce en prácticas caracterizadas por la distancia emocional, la automatización y la pérdida de empatía.
Desarrollo
La disociación como mediadora de la violencia obstétrica
La disociación no solo funciona como defensa individual, sino también como organizador de prácticas institucionales.
Cuando se instala como modo predominante de funcionamiento, facilita la aparición de conductas que pueden ser vividas como violentas por las personas gestantes, tales como:
- falta de escucha
- ausencia de validación emocional
- intervenciones sin consentimiento subjetivo
De este modo, la violencia obstétrica puede ser comprendida, en parte, como un efecto de la disociación sostenida en contextos de alta exigencia emocional.
El sistema sanitario como productor de trauma
La muerte perinatal configura un escenario en el que convergen múltiples factores traumáticos:
- ruptura del orden esperado de la vida
- percepción de fracaso en la práctica médica
- alta carga emocional
- presión institucional
Este contexto afecta simultáneamente a las familias y a los profesionales, generando una experiencia compartida de vulnerabilidad.
Sin embargo, mientras el dolor de las familias comienza a ser reconocido, el del personal sanitario continúa mayormente invisibilizado.
Silencio institucional y reproducción de prácticas
Uno de los mecanismos centrales en la perpetuación de estas dinámicas es el silencio institucional.
La ausencia de espacios de reflexión y elaboración:
- impide procesar la experiencia
- refuerza la disociación
- favorece la repetición de prácticas deshumanizadas
Este silencio no solo afecta a los profesionales, sino que también impacta en la calidad de la atención brindada.
Discusión
Los hallazgos de este análisis permiten cuestionar las explicaciones simplistas que atribuyen la violencia obstétrica exclusivamente a fallas individuales.
Por el contrario, se propone una comprensión compleja que integra:
- factores estructurales
- dinámicas institucionales
- mecanismos psíquicos
Reconocer el trauma del personal sanitario no implica justificar prácticas inadecuadas, sino generar condiciones para su transformación.
En este sentido, el cuidado de los equipos de salud emerge como un componente central para la humanización de la atención.
Conclusiones
La muerte gestacional y perinatal requiere un abordaje integral que trascienda el modelo biomédico.
La articulación entre violencia obstétrica, trauma secundario y disociación permite comprender las prácticas asistenciales dentro de una lógica sistémica y no meramente individual.
Avanzar hacia una atención humanizada implica:
- reconocer el impacto emocional en familias y profesionales
- generar espacios institucionales de cuidado
- integrar la dimensión subjetiva en la práctica clínica
Cuidar a quienes cuidan se constituye, así, en una condición indispensable para garantizar una atención respetuosa y de calidad.
Referencias
- Figley, C. (1982). Trauma and its wake.
- Joinson, C. (1992). Coping with compassion fatigue.
- Organización Mundial de la Salud (2019). Informe sobre violencia obstétrica.
- Kitzinger, S. (2006). Birth crisis.
- Osorio, V., & Saraceno, F. Mujeres invisibles.
- García Medina, M. A. (material inédito sobre trauma secundario)
- García Medina, M. A. (material sobre violencia obstétrica)