En el marco del Día Internacional de la Mujer, también es necesario nombrar aquellos dolores que durante mucho tiempo quedaron en silencio.
Entre las muchas formas de maternar que existen, también están las maternidades atravesadas por el duelo gestacional y perinatal. Mujeres que gestaron vida, sueños y proyectos, y que sin embargo muchas veces se encontraron con una sociedad que no supo —o no quiso— reconocer su pérdida y su dolor.
Desde una perspectiva de género y de derechos, hablar de estas experiencias es imprescindible. Porque el dolor de una mujer que pierde a su bebé no es menor, ni invisible, ni debe ser apresurado hacia el olvido. El derecho al duelo también es un derecho humano.
Nombrar a esos bebés, reconocer a esas madres, permitir el tiempo y el espacio para transitar su proceso, es también una forma de justicia. Durante décadas, muchas mujeres escucharon frases que intentaban cerrar lo que recién empezaba a doler: “ya vas a tener otro”, “mejor ahora que más adelante”, “no era el momento”. Palabras que, lejos de acompañar, silencian.
Este 8 de marzo también puede ser una oportunidad para abrir escucha y sensibilidad hacia estas maternidades interrumpidas. Porque cuando una mujer pierde a su bebé, no solo pierde un cuerpo que ya no está: pierde una historia que comenzaba, una identidad que se estaba transformando, una forma de amor que ya existía.
Que el movimiento por los derechos de las mujeres también abrace estas experiencias.
Que ninguna madre tenga que esconder su dolor.
Que ningún duelo vuelva a ser negado.
Que toda vida sea reconocida, estos hijos e hijas también existieron, y deben ser reconocidos e incluidos en la trama familiar.
Porque toda vida gestada merece ser reconocida.
Y toda madre tiene derecho a su duelo.
Lic. María Andrea García Medina