Suelen ser los duelos que permanecen aún más invisibilizados en el sistema familiar. Ellos merecen que miremos y tratemos con respeto su dolor.
Los más pequeños no tienen las herramientas, los recursos, ni la maduración emocional para identificar y expresar sus emociones. Por lo que cualquier manifestación de su dolor suele ser minimizada, infantilizada y descalificada.
El dolor es tan grande entre los adultos, que no es posible llegar a ver que los hermanos vivos también lo padecen con un alto sufrimiento, y dependiendo de su edad y ciclo vital quedan indefensos frente a lo imposible: la elaboración de la muerte.
Porque además han perdido una parte de mamá y papá también, la vivencia suele ser de profunda soledad, desamparo e indefensión.
“El poder de los hermanos muertos y su importancia para el sistema familiar no puede ser minimizada. Es la fuerza más potente que existe, por haber compartido el útero de la madre” Bert Hellinger.
Su vivencia y proceso dependerá de varios factores: su edad, de su contexto familiar, la medida en que fué deseado y esperado en la familia.
Existen escenarios y desenlaces diferentes de acuerdo a si la pérdida es anterior o posterior. Es decir si cuando la familia ha sufrido la pérdida anterior o posteriormente a este hermano que ha podido tomar la vida al nacimiento.
Si la pérdida es anterior, lo más probable es que el duelo como proceso abierto, sea silenciado por la familia, ante lo cual el hermano que pueda tomar la vida traerá las memorias de su hermano anterior fallecido a nivel inconsciente.
Si la pérdida es posterior, la vivencia del fallecimiento de su hermano/a menor será desde el anhelo y la ilusión. Un amor que busca, espera anhelantemente a este nuevo hermano/a.
Ambos representan un dolor profundo difícil de ubicar y transitar, porque dependerá del contexto, la cultura, de la capacidad de duelar de los padres y el resto de la familia.
Las dinámicas de los hermanos vivos siempre serán complejas, el duelo parental se interrumpe, se congela con múltiples escenarios de profunda vulnerabilidad, sintomatología, desbordamientos, frustración, impotencia y agotamiento.
Bert Hellinger dice que todo el sistema familiar queda “mirando la muerte”.
Los hermanos que han podido tomar la vida, quedan tomados por estas dinámicas, sus intentos serán de “reparación inconsciente”.
Los hermanos que han podido tomar la vida, quedan tomados por estas dinámicas, sus intentos serán de “reparación inconsciente”.
En el intento de “tomar por los adultos», de tomar la responsabilidad, de “hacer vivir” al hermano muerto, de “salvar a los padres» de tener que afrontar tanto dolor, en síntesis, un esfuerzo titánico imposible para estos niños o adolescentes.
Es tan conmovedor para nosotras como acompañantes de estos niños y adolescentes, que deseamos compartir algunos de los relatos de hermanos, con sus propias palabras:
“no siento que me quieran”
“juego con un amigo invisible que se llama como mi hermanito”
“mi mamá está triste, mi papá enojado, es por mi culpa”
“mi mamá se fué con mi hermanito, ¿cuándo van a volver?”
Necesitamos tomar conciencia de liberar a nuestros hijos de hacer compensaciones inconcientes de estos procesos, que son de los adultos.
Cada hijo, nacido o fallecido merece tener su lugar en el sistema familiar.
Recordemos que la fuerza para la vida viene de que cada uno tenga su lugar en la jerarquía, según el orden de llegada a la familia.
Todos son nuestros hijos, honremos sus cortas memorias, siempre van a ser nuestros hermanos, siempre serán nuestros hijos.