22 de agosto Día del bebé arcoiris

Hoy deseo apuntar a la “des-idealización” de la gestación “arcoíris”, respetando también el genuino sentir de la familia.

Sabemos de la complejidad de estos procesos, de una una nueva gestación luego de una o más pérdidas. Donde se manifiestan temores, ansiedad y ambivalencia, ya que se reabren los duelos anteriores, y por otro lado se abre la genuina esperanza de la bienvenida ante esta nueva oportunidad de la vida. 

Se suelen observar sentimientos encontrados y ambivalencia donde puede sentir alegría y tristeza a la vez, estados contradictorios, que pueden conducir  la confusión, con severa perturbación y al sentimiento de culpabilidad.

Lo más  frecuente es escuchar “¿Cómo puede ser que estés triste si por fin ya estás embarazada? 

Observamos que llegan las mamás a la consulta con un embarazo arcoíris o con un bebé arcoíris, y un puerperio que contrasta con lo que habían soñado.

Observando la falta de conexión o directamente una desconexión con sus bebés, y con la consecuente “culpa” cuando refieren que “no sienten” lo que desean o esperaban sentir.

Lo que se conoce como la depresión post parto, el lado oscuro del puerperio arcoíris, que es más silenciado aún.  

“Esa corriente de amor ha quedado ligada al bebé que ha fallecido y en algunos casos se observa que no se puede “reconocer la vida”, cuando esta llega en el próximo nacimiento”.

Probablemente esa madre no esté disponible, por el duelo congelado, por la imposibilidad de conectar con sus emociones, la ha dejado “desconectada” de sí misma.

Es un estado muy difícil de describir, donde siente desdoblar su corazón entre el bebé que ha fallecido y el recién nacido.

Dónde ha quedado ese “aroiris”? con el que nos han querido romantizar como nos vienen romantizando la maternidad.

Esta idealización nos deja más vulnerables, ya que no nos permite comprender la complejidad que significa recibir a un bebé con vida luego de haber tenido que duelar la muerte de un bebé anterior.

Observamos, la anticipación de escenarios donde amenaza la muerte como “fantasma” que se instala como una sombra omnipresente sobre la vida del recién nacido y a lo largo de su crecimiento.

Por eso si te ha tocado vivir la experiencia, deseo que te puedas aliviar, todo lo que sentis es “normal” y se puede acompañar. Se puede atravesar con el apoyo emocional y la información necesaria para comprender estos procesos.

 Cada almita debe tener su lugar, su derecho a la pertenencia, su lugar es único en la configuración familiar. Cada hijo trae un regalo de amor y aprendizaje a cada familia. Aunque este hijo no haya podido quedarse con nosotros por más tiempo, la breve experiencia embrionaria o fetal nos cambia la vida para siempre.

La clave será ayudar a la mujer a realizar el duelo del bebé fallecido y paralelamente a permitirse vincular con el nuevo embarazo, disfrutarlo y darle la bienvenida al bebé en camino, que será el segundo hermano, o de acuerdo a la numeración. Pero con la aceptación que es un hijo diferente. Apuntando a que cada hijo tiene un lugar propio y trae una luz diferente al sistema familiar

Lic. María Andrea García Medina

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